El impacto real del fraude online en el sector financiero

El impacto del fraude online en el sector financiero es indiscutible a día de hoy. Lo primero que se nos viene a la cabeza cuando leemos un titular relacionado con este tema es la pérdida económica directa, y con razón. Los fraudes online y la suplantación de identidades digitales se traducen cada año en pérdidas millonarias para el sector financiero, por no hablar del e-commerce o las telecomunicaciones.

Y esto no sucede solo en EUA, donde los pagos online están mucho más instaurados en el día a día. Si tomamos como ejemplo un mercado europeo, según datos de julio de 2016 en Gran Bretaña una de cada diez personas sufre un robo o delito online. Es decir, es veinte veces más probable sufrir un robo estando delante del ordenador que yendo por la calle.

Además, el incremento del uso del móvil para realizar gestiones financieras y compras online también se ha dejado notar. En el pasado Clab 2016, celebrado en septiembre en Perú, se han dado a conocer los datos más recientes sobre fraude móvil, que se ha incrementado un 170% respecto al año anterior, y supone a día de hoy el 62% del total de fraude online.

De este, el 95% de ataques se produce por robo de identidad, uno de los cibercrímenes más habituales junto con el phishing y el hacking.

Pero, ¿en qué se traduce esto para el sector financiero? ¿Hasta dónde llega el impacto del fraude online para la banca digital y Fintech?

La pérdida de reputación

Los problemas en la seguridad afectan directamente a la reputación de la empresa, y este factor es especialmente crítico para las Fintech, que deben competir con la reputación largamente establecida de la banca tradicional. La pérdida de reputación repercute directamente en las altas de nuevos clientes, y en las relaciones con partners e inversores.

La pérdida de confianza de los clientes

Como en el caso anterior, la seguridad es crítica para los clientes de una entidad financiera. Los fraudes online se perciben como fallos en la seguridad de los datos personales y financieros, lo que provoca una pérdida de clientes, que buscan entidades que les ofrezcan más garantías. Aún en el caso de que no haya una pérdida completa del cliente, se puede ver afectada la venta cruzada con estas cuentas, que reduzcan su actividad en la entidad a los mínimos necesarios.

Pero el problema no acaba aquí: cuando el fraude se origina en un pago online a un tercero, los estudios indican que en un elevado porcentaje los clientes consideran responsable a su entidad financiera.

Las auditorias de seguridad

Las auditorías de seguridad son obligatorias para todas las empresas que almacenan datos clasificados con un nivel de seguridad medio o alto por la LOPD. En el caso de las entidades financieras, se considera que los datos requieren un nivel de seguridad alto, por lo que deben pasar la auditoría cada dos años.

Y aunque el hecho de no llevar a cabo esta auditoría no es sancionable en sí mismo, sí que se sanciona la pérdida, alteración, acceso o tratamiento no autorizado de datos personales.

La pérdida de ingresos

Todos los puntos anteriores nos llevan, de forma directa o indirecta, a la pérdida de ingresos, afecta en mayor o menor medida a los resultados de la entidad. En las grandes entidades financieras esta pérdida puede ser más o menos asumible, pero en el caso de las Fintech puede ser determinante para el futuro de la empresa.

En resumen, el fraude online tiene un impacto en el sector financiero que va mucho más allá de la pérdida económica inmediata, ya que los efectos de la bajada de ingresos por pérdida de reputación y confianza se manifiesta a corto, medio y largo plazo desde que se produce el fraude en sí.


Fuentes: ICAR, Clab 2016, Action Fraud UK, Forbes.